El tercer sector tiene una relación larga y bastante buena con el software libre. CiviCRM, por poner el ejemplo más conocido, lleva casi veinte años sosteniendo la gestión de socios, donaciones y campañas de miles de organizaciones en todo el mundo, sin cobrar licencias y con una comunidad detrás. Es uno de los proyectos de los que el software libre puede presumir con razón.
Dicho eso, hay una observación que se puede comprobar en treinta segundos: a fecha de hoy, su página principal no menciona la inteligencia artificial en ningún punto. Habla de gestión de contactos, donaciones, inscripciones a eventos, campañas de correo e informes. Existen extensiones de terceros que añaden cosas, y no vamos a afirmar nada sobre lo que hace cada instalación concreta, pero el mensaje central del producto sigue siendo el de la generación anterior de herramientas.
No es un reproche. Es el mismo punto en el que está buena parte del software del sector, incluido el de pago: hace muy bien lo que se le pidió durante veinte años, que era guardar la información y sacar listados fiables.
Guardar datos ya no es el cuello de botella
Cuando hablamos con fundaciones y asociaciones, el problema que aparece casi nunca es que los datos estén mal guardados. Suele estar en otro sitio.
Está en la memoria anual, que se escribe a mano en septiembre partiendo de información que ya está en el sistema. Está en la justificación de una subvención, con sus plazos y sus formatos, que consume semanas de alguien que debería estar coordinando programas. Está en el socio que dejó de pagar hace cuatro meses y del que nadie se ha dado cuenta. Está en la llamada al donante recurrente para la que hay que reconstruir a mano qué se le pidió la última vez y cómo respondió.
Ese trabajo no lo resuelve un listado mejor. Es trabajo de escribir, de recordar y de decidir a quién toca ahora, y hasta hace poco no había forma de que lo hiciera un programa.
Qué haría una IA que vive dentro del sistema
La diferencia entre tener una IA y que la IA esté dentro del sistema es que la segunda conoce vuestros datos. Una organización que conocemos resolvía sus agradecimientos personalizados abriendo una pestaña de ChatGPT, pegando a mano los datos del donante y copiando el resultado al correo. Funcionaba, pero el trabajo de mover la información seguía siendo humano, que es justo lo que había que quitar.
Con el sistema conectado, cuatro cosas cambian de sitio:
Redacta a partir de lo que ya está registrado. El borrador de la memoria de actividades, el agradecimiento personalizado tras una donación, el correo de renovación de un socio. Todo con los datos reales de la organización y siempre para que una persona lo revise antes de enviarlo.
Recuerda sin que nadie lo apunte. El socio cuyo recibo ha sido devuelto dos meses seguidos, el donante que dijo “llamadme en otoño”, la subvención cuya justificación vence en tres semanas.
Resume antes de una conversación. Quién es esta persona, cuánto lleva con la organización, qué le importa según lo que ha ido diciendo y de qué se habló la última vez. Tres líneas antes de descolgar el teléfono.
Propone el siguiente paso. Qué socios de este grupo llevan más tiempo sin ningún contacto, cuáles respondieron bien a la última campaña, por dónde tendría sentido empezar.
Dos límites que conviene decir en voz alta
El primero es que la relación con un socio o un donante no se automatiza. La inteligencia artificial puede escribir el borrador del agradecimiento; lo que hace que ese agradecimiento signifique algo es que alguien lo lea, lo corrija y lo firme. Una organización que envíe correos generados sin mirar acabará peor que antes de tener el sistema.
El segundo es de datos. En el tercer sector se manejan datos de personas en situación vulnerable, historiales de atención y a veces información de salud. Antes de meter nada de eso en un sistema con IA, hay que saber dónde se alojan los datos, quién puede acceder a ellos y qué se envía exactamente a un modelo. Es una conversación que hay que tener al principio y por escrito, no cuando ya está todo cargado.
Es también una de las razones por las que trabajamos con código abierto y alojamiento en el sitio que el cliente elija: cuando el software es auditable y los datos están donde tú decides, esa conversación se puede tener con respuestas concretas.
Dónde encaja The Vive Foundation
The Vive Foundation es un ERP moderno y de código abierto para ONG y fundaciones: socios, donantes, programas, voluntariado y subvenciones en un único sistema, con la inteligencia artificial ocupándose de la parte administrativa que hoy se lleva las horas del equipo.
No cobramos por usuario, así que sumar voluntarios o personal de programas no encarece nada. Y si ya usáis una herramienta que os funciona, el punto de partida razonable es mirar qué parte del trabajo administrativo se puede quitar de encima antes de plantearse cambiar de sistema.
Escríbenos contando en qué se va el tiempo. Si no vemos un recorrido claro, te lo diremos.